jueves, 7 de abril de 2011

Baladas de la Oficina integral el mismo libro de Cuentos de la Oficina de R. Mariani.Lo subo porque creo que ayuda a conocer un poco mejor a este autor

“Balada de la oficina" integra el libro Cuentos de la oficina.



Entra. No repares en el sol que dejas en la calle. Él está caído en la calle como una blanca mancha de cal. Está lamiendo ahora nuestra vereda; esta tarde se irá enfrente. No repares en el sol. Tienes el domingo para bebértelo todo y golosamente, como un vaso de rubia cerveza en una tarde de calor. Hoy, deja el perezoso y contemplativo sol en la calle. Tú, entra. El sol no es serio. Entra. En la calle también está el viento. El viento que corre jugando con fantasmas. Fantasma él también, pues no se ve con los ojos de la cara, y se lo siente. El viento está jugando; ya corriendo una loca carrera por en medio de la calle; ya golpeándose las sienes contra las paredes de las casas; ya deshilándose en las copas de los árboles... f... f... f... f... El viento es juguetón como un recental; esto no es serio. Tú entra.

Deja en la calle sol, viento, movimiento loco; tú, entra.

¿Qué podrías hacer en la calle? ¿No tienes vergüenza, estúpido sentimental, regodearte con el sol como un anciano blanco, y esqueletoso, y centenario? ¿No te humilla, en tu actual situación de muchacho fornido, dejarte forrar por el viento como una hoja dentro de un remolino?

¡Y la lluvia! No te avergonzaré recordándote que los otros días estuviste tres horas ¡tres horas!, contemplando tras la vidriera del café, caer y caer y caer, monótonamente, estúpidamente, una larga, monótona y estúpida lluvia. Entra, entra.

Entra; penetra en mi vientre, que no es oscuro, porque, ¡mira cuántos Osram flechan sus luminosos ojos de azufre encendido como pupilas de gata! Penetra en mi carne, y estarás resguardado contra el sol que quema, el viento que golpea, la lluvia que moja y el frío que enferma.

Entra; así tendrás la certeza —que dará paz a tu espíritu— de obtener todos los días pan para tu boca y para la boca de tus pequeñuelos. ¡Tus pequeñuelos, tus hijos, los hijos de tu carne y de tu alma y de la carne y del alma de la compañera que hace contigo el camino! Yo daré para ellos pan y leche; no temas; mientras tú estés en mi seno, y no desgarres las prescripciones que tú sabes, jamás faltará a tus pequeñuelos, ¡los pobres!, ni pan, ni leche, para sus ávidas bocas. Entra; acuérdate de ellos; entra.

Además, cumplirás con tu deber. Tu deber. ¿Entiendes? El trabajo no deshonra, sino que ennoblece. La Vida es un Deber. El hombre ha nacido para trabajar.

Entra; urge trabajar. La vida moderna es complicada como una madeja con la que estuvo jugando un gato joven. Entra; siempre hay trabajo aquí.

No te aburrirás; al contrario, encontrarás con qué matizar tu vida. (Además de que es tu Deber). Entra. Siéntate. Trabaja. Son cuatro horas apenas. Cuatro horas. Pero, eso sí: nada de engañifas ni simulaciones ni sofisticaciones. ¡A trabajar! Si tu labor es limpia, exacta y voluntariosa —voluntariosa sobre todo—, los jefes te felicitarán. Tú estás sano; puedes resistir estas cuatro horas. ¿Has visto cómo las has resistido? Ahora vete a almorzar. Y vuelve a hora cabal, exacta, precisa, matemática. ¡Cuidado! Porque si todos se atrasaran, se derrumbaría la disciplina, y sin disciplina no puede existir nada serio. Otras cuatro horas al día. Nadie se muere trabajando ocho horas diarias. Tú mismo, dime: ¿no has estado remando el domingo once o doce horas, cansando los músculos en una labor con el agua que me abstengo de calificar por el ningún remordimiento que se obtiene? ¿Ves tú? ¡Y con inminente peligro de ahogarte! Yo sólo te exijo ocho horas. Y te pago, te visto, te doy de comer. ¡No me lo agradezcas! Yo soy así.

Ahora vete contento. Has cumplido con tu Deber. Ve a tu casa. No te detengas en el camino. Hay que ser serio, honesto, sin vicios. Y vuelve mañana, y todos los días durante 25 años; durante los 9.125 días que llegues a mí, yo te abriré mi seno de madre; después, si no te has muerto tísico, te daré la jubilación.

Entonces, gozarás del sol, y al día siguiente te morirás. ¡Pero habrás cumplido con tu Deber!

Leemos Cuentos de Oficina de Roberto Mariani

Roberto Mariani (1893/1946), escritor, dramaturgo y poeta argentino, nació en el barrio de La Boca, Buenos Aires, en julio de 1893. Se inició como periodista en el diario Los Andes de Mendoza y publicó algunos relatos en el periódico La semana.

De regreso a Buenos Aires (1920), se empleó en el Banco Nación alternando con los “proletarios de cuello duro”, experiencia que marcará su obra. En 1922 es despedido por “intentar agremiar a sus compañeros con literatura anarquista”.

Colaboró en el periódico Nueva Era, apoyando la revolución bolchevique. Publicó El amor grotesco y fundó una asociación de amigos de Rusia que enviaba a Moscú literatura criolla revolucionaria.

Anarquista y solitario, participó del grupo de Boedo compartiendo ese espacio de creación con Arlt y Payró. Colaboró con aquél cuando aún no tenía reconocimiento literario, en la corrección de sus proverbiales errores gramaticales.

Las acequias (1922) es su primer poemario. Cuentos de la oficina (1925), resume desde una mirada literaria la vida transcurriendo en una oficina de Buenos Aires, relatos que merecieron el elogio de Roberto J. Payró.

El amor agresivo (1926), describe el universo del amor en las distintas expresiones que adquiere en el carácter del porteño.

El diario Crítica (1927) le publica una calurosa defensa de Sacco y Vanzetti, y tres años más tarde, urgido por aprietos económicos, trabaja de chofer en el sur argentino desde donde lamenta el golpe reaccionario que derrocó a Irigoyen.

De regreso, envuelto en un escepticismo irreversible se transforma en un ser sombrío: “Estoy, pues, como antes de soñar: sin nada. O peor porque ni sueños tengo”, escribía.

Un niño juega con la muerte, se estrena en el Teatro del Pueblo en 1938. De regreso a Dios refleja su resignación final mediante un contrato con la muerte que en la realidad llega tras un infarto en 1946

El resto de su obra incluye algunos ensayos sobre Pirandello y Proust y las novelas: En la penumbra (1932), La frecuentación de la muerte (1930) y La cruz nuestra de cada día (1955), en las que esboza sus desvelos metafísicos e inquietud por las injusticias sociales. Junto a Arlt encarna al narrador del infortunio y la desesperación.

Walter Benjamin: Calle de Mano Unica

Escritor, teórico marxista y filósofo estético alemán. Nació en Berlín en el seno de una familia judío-burguesa y estudió filosofía en Berlín, Friburgo, Munich y Berna. En 1920 se estableció en Berlín y trabajó como crítico literario y traductor. Sus esperanzas de realizar una carrera académica quedaron frustradas al rechazar la Universidad de Frankfurt su tesis doctoral, un estudio brillante aunque esotérico del drama barroco alemán titulado El origen de la tragedia alemana (1928). Durante la década de 1920, Benjamin asumió postulados marxistas bajo la influencia del compositor Ernest Bloch y del crítico marxista György Lukács. También trabó una estrecha amistad con el escritor alemán Bertolt Brecht, defendiendo su concepto de "teatro épico". En 1933, como consecuencia de la llegada de los nazis al poder, Benjamin se refugió en Francia, donde comenzó a escribir una obra monumental que no llegó a terminar sobre Charles Baudelaire, publicada en 1973 con el título Charles Baudelaire: un poeta lírico en la era del gran capitalismo. Las obras más conocidas de Benjamin fueron sus ensayos El autor como productor (1934), La obra de arte en la era de la reproducción mecánica (1936) y Iluminaciones (1961). Son ensayos sobre temas estéticos y literarios desde un punto de vista marxista que ejercieron una gran influencia en su época y que son considerados clásicos. En el primero de ellos Benjamin afirma que el auge del fascismo y la sociedad de masas son síntomas de una era degradada en la que el arte sólo es una fuente de gratificación para ser consumida, pero que podía servir de vehículo de difusión del comunismo y concienciar así a las masas. Con la ocupación de Francia por los nazis en 1940 Benjamin intentó dirigirse a Estados Unidos atravesando España, pero al ser detenido en la frontera franco-española se suicidó

domingo, 3 de abril de 2011

De noche

Las aguas se tiñeron de negro.
Parado en la orilla, un hombre mira hacia el cielo. Observa el movimiento de las nubes, asombrado por la rapidez con que se desplazan ocultando la luna, su única fuente de luz en aquellas horas. El calor y los mosquitos lo fastidian, pero no puede irse de allí porque debe pensar los pasos a seguir. Oye ladrar unos perros a lo lejos y siente miedo.
Desde hace un mes, deambula por distintos lugares de la ciudad, y esta vez la noche lo sorprende junto al río. Busca un lugar donde sentarse, pero sólo encuentra la tierra y el pasto mojados por el rocío. Se saca la campera, la coloca en el sitio que le parece más seco, y se pregunta para qué tantas precauciones, tantos cuidados inútiles si en realidad su vida ya le interesa muy poco. Es el natural deseo de conservación, se contesta, mientras sus labios dibujan una sonrisa.

Hacía tiempo ya que no reía, aunque siempre lo caracterizó el buen humor y una inclinación por las bromas con la que llegó a molestar. Más de una vez debió pedir disculpas, lamentando que no entendieran sus gracias.
Pero se fue convirtiendo, poco a poco, en un hombre serio.
Cuando le diagnosticaron el tumor, ya avanzado, rechazó desde un principio la posibilidad de someterse a las terapias que le propusieron. Nunca se consideró un hombre valiente, pero había tomado la decisión de quitarse la vida.
Descartadas las otras formas, allí sentado, llegó a la conclusión de que lo mejor era el río, emulando a la escritora que se internó en el mar. Imaginó un monumento en el sitio donde estaba y la risa volvió a sus labios ¿sería merecedor de tal homenaje?
Sacó una pastilla del bolsillo y se la llevó a la boca, era preciso estar relajado…
Comenzó a sentir el cuerpo flojo y entregado al sueño que lo invadía poco a poco, obligándolo a cerrar los ojos a pesar de su resistencia. Se fue recostando en el suelo hasta ceder completamente.
Soñó que era de noche y dormía plácidamente a orillas de un río.

Raquel Mizrahi

sábado, 2 de abril de 2011

Comenzó el taller

Este jueves 31 de marzo comenzó de nuevo el taller.Yo falté, pero sé que ha sido un buen comienzo y con nuevos compañeros.Tengo que hacer los deberes y conseguir el trabajo sobre Woody Allen y lo del semiólogo Roland Barthés.¡Que capo este profe Julio!

miércoles, 23 de marzo de 2011

SUDESTADA (Margarita Rodríguez)

Arrebato de pasión
la sudestada
que viene a limpiar
cosas del alma.
Sacudida feroz
que al viento lanza
todo lo que a su paso
es y alcanza.
Sauces que se hamacan
cruel desborde
ráfagas de viento
que arrebatan.
Líquido marrón
que invade todo
trayendo desazón,
luego la calma.



martes, 22 de marzo de 2011

PINCELADAS

Lito pasaba siempre en bicicleta por la puerta de mi casa.

Después de ayudar a mi mamá a lavar los platos me sentaba en la vereda a esperar a Mabel y Leti que venían a estudiar o, simplemente me quedaba ojeando alguna revista a la sombra del paraíso.

Cierto día se acercó Carmen con el delantal de cocina todavía atado a la cintura y me preguntó: lo viste al Lito? Se fue para allá, le señalé con la mano. Se quedó con los brazos en jarra mirando la calle desierta. “Cuando lo agarre a éste!”, dijo y se fue mascullando no se que cosa.

Por la vereda de enfrente venían caminando las chicas, cuando se acercaron las saludé y entramos. Me gustaba estar a esa hora en casa porque mi hermano, que iba al industrial, martes y jueves tenía educación física y los otros días taller; mi mamá, después de ordenar la cocina, se acostaba a dormir la siesta, entonces tenía toda la casa para mi.

Primero pasamos por la cocina, preparé tres vasos de jugo de naranja y un plato con galletitas. Luego fuimos a mi cuarto, copiamos las letras de algunas canciones, escuchamos Abbey Road y ensayamos algunos pasitos de moda antes de meternos de lleno a contestar las treinta preguntas del cuestionario de historia y calcar los mapas de geografía para la clase especial que teníamos que dar el viernes siguiente.

Al atardecer salimos. Yo iba a acompañar a las chicas hasta la esquina como de costumbre, cuando veo a Carmen con tres o cuatro personas más, entre ellas mi madre. Cuando me ve, se apresura a venir a mi encuentro y me dice: “vamos para adentro”. “Pero las chicas se tienen que ir- le digo- las acompaño hasta la esquina”. “Bueno, pero rapidito” fue su respuesta. Obedecí sin chistar. Me despedí de mis amigas y entré; algo raro había en el ambiente.

Luego mamá me explicó que la madre de Lito estaba preocupada porque encontró una nota en su cama que decía: “No me esperen, no voy a volver, los quiero mucho.” Aunque pensaba que era un berrinche por una discusión que habían tenido.

A los pocos días estábamos cenando cuando mamá le dijo a papá, dando algunos rodeos y eligiendo bien las palabras que Carmen estaba destruida.

Resultó ser que mientras ella creía que su hijo iba a la casa de un amigo para preparar el ingreso a Medicina, él se escapaba con una noviecita que tenía, y que, entre escapada y escapada, la chica quedó embarazada.

Ahora es chofer de una empresa de colectivos y tienen cuatro hijos. De vez en cuando viajo con él cuando voy al Clínicas a hacer las guardias.

MARGARITA RODRÍGUEZ