Un taller que funciona en una Biblioteca Pública con gente sensible.
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lunes, 7 de mayo de 2012
En estas primeras clases hemos trabajado con El Placer del Texto y Lección Inaugural de Roland Barthes, El Quiebre y la Estructura de Rudolph Arheim .
Leimos Vecinos de Raymond Carver y queda pendiente Final del Juego de Julio Cortázar
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sábado, 2 de julio de 2011
PERDIDA Y RECUPERACIÓN DEL PELO - Julio Cortázar
Para luchar contra el pragmatismo y la horrible tendencia a la consecución de fines útiles, mi primo el mayor propugna el procedimiento de sacarse un buen pelo de la cabeza, hacerle un nudo en el medio, y dejarlo caer suavemente por el agujero del lavabo. Si este pelo se engancha en la rejilla que suele cundir en dichos agujeros, bastará abrir un poco la canilla para que se pierda de vista.
Sin malgastar un instante, hay que iniciar la tarea de recuperación del pelo. La primera operación se reduce a desmontar el sifón del lavabo para ver si el pelo se ha enganchado en alguna del las rugosidades del caño. Si no se lo encuentra, hay que poner en descubierto el tramo de caño que va del sifón a la cañería de desagüe principal. Es seguro que en esta parte aparecerán muchos pelos, y habrá que contar con la ayuda del resto de la familia para examinarlos uno a uno en busca del nudo. Si no aparece, se planteará el interesante problema de romper la cañería hasta la planta baja, pero esto significa un esfuerzo mayor, pues durante ocho o diez años habrá que trabajar en algún ministerio o casa de comercio para reunir el dinero que permita comprar los cuatro departamentos situados debajo del de mi primo el mayor, todo ello con la desventaja extraordinaria de que mientras se trabaja durante esos ocho o diez años no se podrá evitar la penosa sensación de que el pelo ya no está en la cañería, y que sólo por una remota casualidad permanece enganchado en alguna saliente herrumbrada del caño.
Llegará el día en que podamos romper los caños de todos los departamentos, y durante meses viviremos rodeados de palanganas y otros recipientes llenos de pelos mojados, así como de asistentes y mendigos a los que pagaremos generosamente para que lo busquen, separen, clasifiquen y nos traigan los pelos posibles a fin de alcanzar la deseada certidumbre. Si el pelo no aparece, entraremos en una etapa mucho más vaga y complicada, porque el tramo siguiente nos lleva a las cloacas mayores de la ciudad. Luego de comprar un traje especial, aprenderemos a deslizarnos por las alcantarillas a altas horas de la noche, armados de una linterna poderosa y una máscara de oxígeno, y exploraremos las galerías menores y mayores, ayudados si es posible por individuos del hampa con quienes habremos trabado relación y a los que tendremos que dar gran parte del dinero que de día ganamos en un ministerio o casa de comercio.
Con mucha frecuencia tendremos la impresión de haber llegado al término de la tarea, porque encontraremos (o nos traerán) pelos semejantes al que buscamos; pero como no se sabe de ningún caso en que un pelo tenga un nudo en el medio sin intervención de mano humana, acabaremos casi siempre por comprobar que el nudo en cuestión es un simple engrosamiento del calibre del pelo (aunque tampoco sabemos de ningún caso parecido) o un depósito de algún silicato u óxido cualquiera producido por una larga permanencia contra una superficie húmeda. Es probable que avancemos así por diversos tramos de cañerías menores y mayores, hasta llegar a ese sitio donde ya nadie se decidiría a penetrar: el caño maestro enfilado en dirección al río, la reunión torrentosa de los detritus en la que ningún dinero, ninguna barca, ningún soborno nos permitirán continuar la búsqueda.
Pero antes de eso, y quizá mucho antes, por ejemplo a pocos centímetros de la boca del lavabo, a la altura del departamento del segundo piso, o en la primera cañería subterránea, puede suceder que encontremos el pelo. Basta pensar en la alegría que eso nos produciría, en el asombrado cálculo de los esfuerzos ahorrados por pura buena suerte, para justificar, para escoger, para exigir prácticamente una tarea semejante, que todo maestro consciente debería aconsejar a sus alumnos desde la más tierna infancia, en vez de secarles el alma con la regla de tres compuesta o las tristezas de Cancha Rayada.
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Pérdida y Recuperación del Pelo
lunes, 5 de julio de 2010
Leemos a Cortázar

Las buenas inversiones
Julio Cortazar
Este breve cuento es en el fondo una historia de cronopios, solo que aqui el cronopio tiene un nombre sin hablar de un calentador Primus y otras cosas, se llama las buenas inversiones,Gomez es un hombre modesto y borroso que solo le pide a la vida un pedacito bajo el sol, el diario con noticias exaltantes y un choclo hervido con poca sal pero eso si con bastante manteca, a nadie le puede extra;ar entonces que apenas haya reunido la edad y el dinero suficientes este sujeto se traslade al campo, busque una regi[on de colinas agradables y pueblecitos inocentes y se compre un metro cuadraro de tierra para estar lo que se dice en su casa, esto del metro cuadrado puede parecer raro y lo ser[ia en condiciones ordinarias, es decir sin Gomez y sin Literio, como a Gomez no le interesa m[as que un pedacito de tierra donde instalar su reposera verde y sentarse a leer el diario y a hervir su choclo con ayuda de un calentador Primus ser[ia dificil que alguien le vendiera un metro cuadrado, porque en realidad nadie tiene un metro cuadrado sino muchisisimos metros cuadrados y vender un metro cuadrado en mitad o al extremo de los otros metros cuadrados plantea problemas de catastro , de convivencia, de impuestos y adem[as es ridiculo y no se hace que tanto y cuando Gomez llevando la reposera con el Primus y los choclos empieza a desanimarse despues de haber recorrido gran parte de los valles y las colinas, se descubre que Literio tiene entre dos terrenos justo un rinc[on que mide un metro cuadrado y que por hallarse entre dos solares comprados en epocas diferentes posee una especie de personalidad propia aunque en apariencia no sea m[as que un mont[on de pasto con un gardo apuntando hacia el norte, el notario y Literio se mueren de risa durante la firma de la escritura, pero dos d[ias despu[es Gomez ya est[a instalado en su terreno en el que pasa todo el dia leyendo y comiendo hasta que al atardecer regresa al hotel del pueblo donde tiene alquilada una buena habitaci[on porque Gomez ser[a loco pero nada idiota y eso hasta Literio y el notario estan prontos a reconocer, con lo cual el verano en los valles va pasando agradeblemente aunque de cuando en cuando hay turistas que han oido hablar del asunto y se asoman para mirar a Gomez leyendo en su reposera, una noche un turista venezolano se anima a preguntarle a Gomez porque ha comprado solamente un metro cuadrado de tierra y para que puede servir esa tierra, a parte de colocar la reposera, en tanto el turista venezolano como los otros estupefactos contertulios, escuchan esta respuesta : Usted parece ignorar que la propiedad de un terreno se extiende desde de la superficie hasta el centro de la tierra, calcule entonces !- Nadie calcula, pero todos tienen la visi[on de un pozo cuadrado que baja y baja y baja hasta no se sabedonde y de alguna manera eso parece m[as importante que cuando se tienen 13 hectareas y se tiene que imaginar un agujero de semejante superficie que baje y baje y baje. Por eso, cuando los ingenieros llegan 3 semanas depues, todo el mundo se da cuenta que el venezolano no se ha tragado la pildora y ha sospechado el secreto de Gomez, osea que en esta zona debe haber petroleo. Literio es el primero en permitir que le arruinen sus campos de alfalfa y girasol con insensatas perforaciones que llenan la atmosfera de malsanos humos, los demas propietarios perforan noche y dia en todas partes y hasta se da el caso de una pobre se;ora que entre grandes l[agrimas tiene que correr la cama de 3 generaciones de honestos labriegos, porque los ingenieros han localizado una zona neuralgica en el mismo medio del dormitorio, Gomez observa de lejos las operaciones, sin preocuparse mayor cosa aunque el ruido de las m[aquinas lo distrae de las noticias del diario, porsupuesto nadie le ha dicho algo sobre su terreno y el no es hombre curioso y solo contesta cuando le hablan, por eso responde que no cuando el emisario del consorcio petrolero venezolano se confiesa vencido y va a verlo para que le venda el metro cuadrado, el emisario tiene ordenes de comprar a cualquier precio y empieza a mencionar cifras que suben a razon de 5000 dolares por minuto, con lo cual al cabo de 3 horas, Gomez pliega la reposera, guarda el Primus y el choclo en la valijita y firma un papel que lo convierte en el hombre m[as rico del pais siempre y cuando se encuentre petroleo en su terreno cosa que ocurre justo una semana m[as tarde en forma de un chorro que deja empapada a la familia de Literio y a todas las gallinas de la zona, Gomez que esta muy sorprendido se vuelve a la ciudad donde comenz[o su existencia y se compra un departamento el piso ma[s alto de un rascacielos pues ahi hay una terraza a pleno sol para leer el diario y hervir el choclo sin que vengan a distraerlo venezolanos sabiesos ni gallinas te;idas de negro con la indignaci[on que siempre manifiestan estos animales cuando se les rocia con petroleo puro.
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