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jueves, 26 de abril de 2012

Minerva

Le puse Minerva, como la diosa. No puedo llevarla a la escuela y me entristece dejarla sola en el fondo del baúl. Pero ella comprende.

- ¿Venís al campito?
- …
- Dejalo, ¿para que le insistís?, le gusta hacerse rogar.
-No le hagas caso, y si te decidís, ya sabés.

Juan es el más bueno. Hoy quería que fuera con ellos a jugar a la pelota, pero yo no veía la hora de venir a sacarte. Además, eso me aburre.
El otro día les faltaba uno y no tuve más remedio, pero no sé para que insisten si después se quejan: “¡movete!”, “¡dejá de correr como una nena!”, “¿estás en la luna vos?

-¡Jorgito, abrime!
-Dejame.
-¡Ya está la comida, sabés que no me gusta que te encierres!

- Ese chico no está bien.
-¿Otra vez con lo mismo?, vos sos la culpable.
-No me vuelvas a decir así, tenés que hablar con él, de hombre a hombre.
-Bueno, eso está por verse…
-¡Qué crueldad!, pensar que cuando te conocí eras tan distinto…

Hoy pasé por la mercería, pero no me animé a comprarte las hebillas ¡Qué tonto, les digo que son para una prima! Mañana voy. Nos vemos en un rato, oigo pasos…

- ¿Qué buscabas?
- Esas hebillas verdes que tenían ayer en la vidriera…
-¿Las flores o las mariposas?
- Las mariposas con rayitas amarillas.
-¡Ay, qué hombre más detallista, tiene suerte tu novia!
- No tengo novia.
-¡Bueno, no te enojes, era una broma!

-Qué chico más raro ¿escuchaste?
-Una ya no se asombra de nada.

Mirate en el espejo ¿Te gustan? Apenas las ví pensé que te iban a hacer juego con el vestido. Lástima que nadie más te pueda ver. Algún día me voy a animar y todo va a ser distinto. Oigo pasos…

                                                                                                     Raquel Mizrahi